
ACUARELA
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1 - MARZO - 2003 Escribir acerca de la Acuarela constituye una batalla perdida de antemano porque si una característica puede destacarse de esta técnica es que es escurridiza tanto si la abordamos literariamente como si lo hacemos de modo práctico. Envuelve a la acuarela ese misterio de las cosas portentosamente sencillas que son capaces de las más altas cotas de belleza, de realización, de entretenimiento y de alegría porque incluso aquel que se acerca a ella sin conocerla siente el cosquilleo de la creación, el placer de los colores, la sensibilidad de los materiales. Su sencillez está enlazada con la humildad de la materia pues la riqueza de su esencia no es la de una piedra preciosa sino la de la tierra y lo natural siendo esta técnica la más democrática puesto que su bajo coste la acerca a la gente, a los niños y a todos los seres humanos que un día descubren que hay una parte exquisita en su alma y la derraman en un papel con colores. Pero hay mucho más. Si tuviésemos que relacionarla con la historia de la Humanidad encontraríamos que ya en Egipto hay acuarelistas o artistas que se sirven de ella, esta técnica acompaña nuestro recorrido evolutivo como seres humanos creadores, sirve de instrumento de expresión, de liberación y su humildad nos conmueve ya que siendo prácticamente desterrada en algunos momentos, permanecerá dormida, nunca muerta, esperando que algún príncipe la despierte. Será en Inglaterra donde surjan los grandes Reyes de la Acuarela cuyo reinado trasciende las fronteras físicas del reino, tocando con su varita mágica las sensibilidades de toda Europa. La acuarela resurge de su adormecimiento en siglo XV-XVI cuando grandes artistas como Dürer utiliza esta técnica para sus estudios de paisajes en sus viajes a los Alpes e Italia representando también plantas, pájaros, etc. En el siglo XVI fue empleada también por Holbein para retratos en miniatura. En el siglo XVII es usada por algunos artistas flamencos dedicados sobre todo a la temática de flores y paisajes, como Van Ostade, Cuyp, etc. Indiscutibles iconos de la pintura Occidental como Rubens y Jordaens se sirven de ella para acentuar sus dibujos. Pero todavía no estaba la acuarela despierta del todo, debemos esperar a que en el siglo XVIII se empiece a valorar como técnica autónoma con un fin en sí misma, no como auxiliar ni complemento sino como categoría estética propia con sus propios impulsos y su propia temática pues es a fines del siglo XVIII y principios del XIX cuando se impulsa una especial concepción del acto creador que lleva consigo un tratamiento nuevo de los géneros lo que desemboca en la cesión del óleo que pasa a compartir su indiscutible corona con la Acuarela formando un matrimonio con separación de bienes hasta ahora no superado y siendo él el Rey y ella la Reina. La historia de la acuarela a partir del siglo XVIII está inevitablemente ligada al paisajismo, ya que es en este siglo cuando la multiplicación de pequeños paisajistas en Venecia hizo que la acuarela fuera poco a poco adquiriendo mayor importancia; todo unido a la moda que se impone en Europa de los "viajes culturales", en estos viajes los artistas y aficionados al arte encuentran en la acuarela el vehículo ideal para tomar apuntes de los lugares que recorren, o realizar bocetos "in situ" que más tarde completaran en su taller. Estas obras en su momento no tendrán más significación que ser preparación de otras obras de mayor calibre aunque en nuestra época esas mismas acuarelas se valoren como un fin en sí mismo. En Francia, bajo el reinado de Luis XVI, fueron aceptados los acuarelistas en la academia francesa como Watteau, de Lille o Moreau (Jean Gabriel); es en este país donde más se acompaña con la técnica de la plumilla. En el siglo XIX podríamos decir que la acuarela se convierte en un "asunto britanico"; en 1804 se funda la Royal Water Color Society. Los pintores que se hacen con el liderazgo en esta técnica son, Tunner, Sandby, Bonington y el americano Whistler, éstos introducen elementos técnicos nuevos y ejercen una influencia decisiva sobre los románticos franceses ya que la libertad y la rapidez que ofrece la acuarela se adaptaba al sentir pictórico de pintores como Gericault y Delacroix. Así desde mediados del siglo XVIII la acuarela fue ganándose un hueco muy importante, hay que tener en cuenta que en un principio las obras en esta técnica tenían el valor que hoy daríamos a las postales, recuerdos, fotos, etc., y se coleccionaban y guardaban en álbumes, pero hay que esperar todavía un tiempo para que sean consideradas obras de arte en sí mismas. En ninguna parte como en Inglaterra se practicó con tanta pasión la acuarela, proliferó la demanda de clases particulares de esta técnica para suplir la falta de enseñanzas de la Royal Academy. Las exposiciones se realizaban en salas especiales de menor prestigio que aquellas que albergaban los óleos. Los fundamentos teóricos-estilísticos de los acuarelistas se adscriben al pintoresquismo inglés, al romanticismo y dentro de estos abre una brecha el gran Turner en su búsqueda de lo "sublime". Poco a poco fue adoptada por multitud de pintores que tenemos asociados al óleo como Cézanne, Van Gogh, etc. Sobre la técnica Como material la acuarela consiste en pigmentos preparados con goma soluble al agua. Al humedecerlo se obtiene una solución transparente que se aplica normalmente en papel (antiguamente había más variedad de soportes, se pintaba incluso sobre marfil). El método clásico Inglés consiste en usar el blanco del papel como punto de máxima luz aplicando lavados transparentes uno sobre otro para obtener las gradaciones de tono y color. Para los puristas de esta escuela inglesa el uso de cualquier forma de acuarela opaca es una costumbre afrancesada y un herejía. Sin embargo, los artistas más expertos en el arte de la acuarela como Turner, Girtin, Cozens y Cotman emplearon variantes de la norma anterior. Turner empleaba libremente el color opaco, también utilizaba color seco, raspaba el papel, etc. Estas técnicas son miradas con horror por algunos sectores pero desde mi punto de vista son correctas ya que la técnica debe estar sometida a la idea que se pretende plasmar y no debe dominar al artista sino que éste debe servirse de ella ya que una excesiva reverencia a la ortodoxia técnica deriva en dar más importancia a la pintura (como material) que a lo pintado y ello derivaría en que ya no se necesitaría ni al artista, se podría admirar los materiales por si mismos sin ser ni siquiera manipulados (lo cual sintiéndolo por los "modernos" si es una herejía artística). Esos puristas o puritanitas modernos de la técnica serían capaces de rechazar un cuadro de expresión magnifica sólo porque usa un color demasiado opaco o un papel que no sea el adecuado. La grandeza de los grandes acuarelistas es, paradójicamente, no su gran habilidad técnica sino su talento creativo y sus ideas y proyectos sabiendo sacar a los materiales lo máximo para realizar esos proyectos, si hubiesen tenido otros objetivos probablemente usarían de otro modo los materiales.
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