SAN PEDRO REGALADO

8 - DICIEMBRE - 2003

Todo el mundo, incluso el más vulgar, tiene alguna rareza. Ahondando en la vida de Ana Pardo existe una que sobresale entre las demás. No realiza ninguna exposición, y sin embargo durante los últimos años se presenta ininterrumpidamente al certamen de pintura rápida al aire libre que se celebra el día de San Pedro Regalado. La pregunta es obvia ¿tu intención es ganarlo?

    Presentarme a ese concurso no tiene nada que ver con mostrar mi obra ni con la proyección hacia el público, no pretendo ganar ese concurso y si lo hiciera jamás lo ganaría puesto que su criterio de selección no tiene nada que ver con mis planteamientos estéticos y creo que tampoco soy la única que piensa de este modo. Hay algo que me gusta tanto como la Pintura: pintar en compañía; es una ilusión que lleva aflorando en mi desde que leía las biografías de los impresionistas. Pintar y charlar en plena naturaleza es ameno, sugerente, en el fragor de una discusión puedes revelarte y aplicar técnicas imprevisibles, te haces más fuerte pues experimentas con mayor frecuencia la valentía del cambio insospechado, de la pincelada inquieta. Para mi ese concurso supone un día en el que el acto de pintar se viste de fiesta, se libera de parte de la seriedad que se presupone a la creación y es entonces cuando las pinturas se suman al entorno, al gentío, a los niños haciendo sus primeras obras con aire de responsabilidad, a esos artistas anónimos que ilusionados salen a pintar sin afán de gloria pero con el deseo de crear algo que merezca la pena. Pienso que el artista verdadero simplemente es creador y su vida está a disposición del arte sin estar condicionado por el hecho de ser o no popular o conocido en un determinado círculo intelectual, esto último suele ser muchas veces producto de las circunstancias, en ese concurso me motiva el hecho de ver como otros plantean sus obras, cómo cada individuo toma una actitud diferente para lograr sus objetivos, cómo van surgiendo sobre la marcha muchas veces esos objetivos, me encanta ver los contrastes entre los que con cara de responsabilidad se toman muy en serio ese día y los que tranquilamente sentados en cualquier sitio pintan una pequeña acuarela dejándose acariciar por ese don primitivo que todos tenemos y que desde el amanecer del hombre nos invita a plasmar en una superficie lo que llevamos dentro; ese instinto básico creador de Homo habilis y Sapiens es, creo yo, el motor que hace que un determinado día, muchos individuos desconocidos se "hermanen" para volver al rito ancestral de hacer algo bello con las propias manos, ese día algunas personas con alma de artistas, pero que no tuvieron suerte de poder dedicar su tiempo al Arte, se permitan jugar a ser lo que soñaron en su infancia, otros juegan a ser los mejores y digo "juegan" no con sentido peyorativo hacia ellos sino hacia los que más tarde juzgaran en base a desconocidísimos criterios y misteriosas cábalas que les conducen a veces a dar el primer premio de óleo a un acrílico, etc., pero ¡que más da! si para nosotros es un día de fiesta dejemos que el crítico y el juez estén igualmente de fiesta.

Este año tuve la oportunidad de estar presente en tu labor creativa y realmente puedo afirmar que fue espectacular. Sellaste dos soportes, ayudaste en el cuadro de tu hermana y sobre todo, y esto parece sacado de una novela, realizaste un encargo in situ y todo en tres horas.

Así es, debo realizarlo con la mayor soltura, pues como acabo de decir, me anima mucho contemplar al resto de participantes, además tengo oportunidad de asistir a hechos anecdóticos como el de este año, el enfrentamiento personal que el ganador de óleo mantenía con la espátula mientras su mujer o acompañante iba humidificando con presteza los acrílicos con los que durante aquella mañana estuvo trabajando.
¿El encargo? Todos los años suelen acercarse turistas que desconociendo el destino final de las pinturas tratan de comprarlos por módicos precios. En esta ocasión se acercó un hombre muy simpático que me instó a que le pintara una obra cuyo tema principal fuera el agua.

Lo recuerdo, le preguntaste en qué ambiente, mar, río, lago, y él contestó que le hacía ilusión cualquiera de ellos mientras tuviese agua. Así fue como surgió "La orilla de la ilusión", como finalmente lo titulaste, que podía evocar una playa de mar, una ribera de río o un lago, lo que aquél hombre desease.


De los dos trabajos que presentaste el que llama la atención sobremanera fue el de La Fuente de la Fama, composición muy distinta de la del resto de participantes que escogieron la fuente para su trabajo

En este cuadro, La Fuente de la Fortuna, no pretendí describir la fuente en su totalidad, ni los árboles, ni siquiera un rincón concreto de un espacio ya de por sí artístico como es el Campo Grande de Valladolid, quise expresar ese gesto común que se produce en la gente que llega a esa fuente y que debido a su altura alza la vista y encuentra una estatua de corte neoclásico enmarcada por el cielo. Éste como tal es variable y aquí, en lo más obvio, está la riqueza de un artista puesto que la fuente física no cambia pero su fondo (el cielo) sí lo hace alterando de este modo la estatua en sí misma. Aquella mañana al tiempo que volaban los pinceles volaba también mi imaginación y por un momento pensé que Oscar Wilde y su Príncipe Feliz envolvían la estatua.

 

Acuarelas realizadas en la mañana del 13 de Mayo del 2004

 

"Estación central" - Obra entregada

 

 

  

Fuera de concurso

 

 

 

Acuarelas realizadas en la mañana del 13 de Mayo del 2003

"La orilla de la ilusión" - Fuera de concurso

 

 

  

"La fuente de la Fortuna" y "Los Filipinos" - Obra entregada

 

 

 

 

AÑOS ANTERIORES

 

"Plaza España" - 2001 - Obra entregada

 

"Plaza del Coca" - 2002 - Obra entregada

 

 

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