
ANECDOTARIO
"Hay que distinguir al
buen pintor y al buen propagandista;
en ocasiones excepcionales ambas cualidades concurren en la misma figura."
- Ana Pardo -
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EL DON DEL ARTISTA Todavía algunas personas, pocas ya, creen que las postales navideñas que realiza así como la mayor parte de acuarelas expuestas reflejan no sólo un estilo bastante definido de su técnica sino su propio techo del saber hacer. ¡Cuán equivocados!. La acuarela en la Dama no representa otra cosa sino su medio de bocetar; la transformación que posteriormente realiza al óleo es sublime. El don de un artista se atisba con esa pequeña impresión que la mente modela y que la mano corrige con los medios que están a su alcance, unas veces aplicando unas técnicas y otras inventándoselas aunque para ello tenga que alejarse de los cánones que impone una moda. La particularidad de esta obra nació de una escucha radiofónica mientras realizaba las felicitaciones navideñas. Se habían concentrado una serie de artistas locales con un denominador común: la escasa convivencia que mantenían con la acuarela. Para todos ellos la acuarela era de una dificultad supina por cuanto que debía realizarse con rapidez, gran dominio de los pinceles y careciendo de los elementos de corrección propios de otras técnicas. Ana, con una sonrisa en la boca se dijo: -"Aun no han entendido el fin de la Pintura"- y como apoyo a esta tesitura, la siguiente postal (a la acuarela) la plasmó con unos simples palillos. No lo duden, todos quedamos sorprendidos al conocer que el lirismo de aquella obra salió de unos sencillos mondadientes. Sin darle importancia, pero complacida por nuestro asombro simplemente nos dijo: "Como todo lo que nos rodea en el universo, la dificultad no procede del elemento sino de la ignorancia que tenemos de él." |
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MI ÁRBOL MÁGICO El lance que relato a continuación tiene como origen esta misma web, este mismo año. Muchos son los correos que Ana Pardo recibe desde la aparición de la web. En ellos se reflejan todo tipo de opiniones, pero en conjunto podrían englobarse en dos grupos: aquellos que alaban y respetan el trabajo por reconocimiento de la equilibrada integración entre elementos cognoscitivos y expresivos (suelen coincidir con expertos en Arte, composición, color, con historiadores, literatos), y aquellos que rechazan la obra, igualmente con respeto, por la carencia de esa catarsis neurasténica que se exige hoy al artista contemporáneo (suelen coincidir con expertos en crítica, mercadotecnia). Curiosamente el reducido grupo de remitentes que pierden la compostura suelen recaer en "señores" autodenominados pintores que no distinguen las valoraciones emitidas entre la pintora y el grupo que realiza la Web (equipo con relativa independencia y único depositario de todo lo malo que puede extraerse de ella). "... dedicarse a los bolillos" fue la chanza de uno de ellos al visionar la página que alberga la acuarela "Mi árbol mágico" (ver página). En su obstinación por ridiculizarla quedó patente que no distinguía la dialéctica practicada por Ana Pardo, cuándo se trata de una reflexión intelectual y cuándo de un apunte colorista (ese adorno que siempre agrada al mundo artístico). Nosotros le entregamos impreso el correo del susodicho (que no nos limitáramos sólo a plácemes y parabienes fue algo que nos pidió) y quedó encantada con la misiva. Según iba leyendo iba respondiendo:
- "... ¿cómo sabrás que el arbolito
tiene esa forma cuando te des cuenta que nunca lo encontrarás?" -
- "... si alguien lo tala, ¿quién te
susurrará los cuadros?" -
- "... cuando te hagas chocha o te
mueras ¿cómo será el palitroncho?" - En ese mismo punto se le iluminó la cara y nos pidió encarecidamente que sacáramos por impresora una copia del cuadro (el original fue vendido). Acto seguido cuadriculó la fotocopia y se dispuso a copiarlo para pintar otro igual (tal y como será cuando nos deje o sea más "chocha"), igual, pero más viejo, más mágico.
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QUERER ES PODER
En una ocasión Ana Pardo se
encontraba dando clase de Pintura en casa de un particular; no hay mejor forma de aprender que observar al maestro y en este caso así se
hallaba la mujer que había requerido las clases de Ana. Junto a ellas se
encontraba la hija de la anfitriona, una niña de 9 años que intentaba hacer sus
pinitos copiando una lámina de Chamberlain sentada en la mesa que había junto a
ellas. Cuando la niña se levantó y vio la destreza con que Ana Pardo pintaba se
quejó de la falta de recursos aludiendo a su cajita de 12 pinturas del colegio.
<<Con estas pinturas nunca podré hacer nada bonito>>- debió decirle.
Tras terminar el dibujo, dio fin al
relato, cogió el bloc con las dos manos y enseñándole la pintura
trató de explicar a la niña que el color es un don otorgado por la naturaleza,
no pertenece a ningún material especifico, tan sólo se debe tener respeto por aquel
elemento que nos lo ofrezca.
El respeto ante el color que debe
obrarse en el espíritu del artista es una de las consignas que transmite siempre
a sus alumnos. Los pigmentos debemos verlos como personas, con sus virtudes y
defectos, con sus predilecciones sociales, con sus sentimientos ante otros
pigmentos, con su voluntad de evolucionar y crear un nuevo futuro, pero sobre
todo no despreciar ninguna paleta, sea cual fuere su elemento, su número y
calidad del material. Aunque pueda parecer un discurso moderno (lleno de
palabras afortunadas pero carentes de contenido) Ana Pardo demuestra a sus
alumnos con cada corrección la consistencia del encabezamiento de este capitulo.
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