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Ana Pardo asume que todo trabajo bien hecho requiere atención en todas sus etapas de desarrollo porque está convencida de que su trabajo será el medio que le permita evolucionar como artista y como persona: "Cuanto más se recoja y profundice sobre elementos que describan mundos mitológicos, esotéricos, misteriosos, alegóricos, que narren prodigios, secretos o gestas, más evocadora será nuestra obra cuando trate de manifestar esta atmósfera, más sugerentes serán nuestros propios sueños cuando quedemos adormecidos, más débil será nuestra conciencia en el desenvolvimiento de la vida real." (Ana Pardo). Podemos deducir entonces que cada obra de Ana Pardo nace de una "Historia". En su primera etapa no tiene mayor ilusión que conocer lo que la humanidad aportó en esa historia. Si, como dicen, no hay elemento del pensamiento humano por muy intrincado que sea que no haya sido concebido por los griegos, podéis imaginar si la historia la dilatamos 2000 años más. En este caso, y es una particularidad de Ana Pardo, su trabajo comienza no solo con el visionado de todo el material a su alcance sino además, y más importante, si lo cree oportuno comienza con la copia de alguno de ellos. Ana copia no para obtener un fiel reflejo del modelo sino para averiguar la gracia de la pincelada, la ordenación del círculo cromático, la composición de las masas, en definitiva, para la extracción de conceptos pictóricos cambiando aspectos del modelo según quiera o no aplicar ideas recogidas con anterioridad. Un claro ejemplo: Copia que cambia radicalmente la lectura del modelo. Aquí no trató sólo de recoger el encanto y hechizo del trazo sino jugar con elementos de expresión de tal forma que pudiera descubrir algo nuevo en la ordenación y estructuración de los elementos apodícticos de la forma. Y realmente lo consigue. La lectura del estudio de Carracci es clara: nuestra mirada va descubriendo la grandeza de la arboleda en una vista que va desplazándose hacia arriba y de izquierda a derecha (en este caso un eje para la luz y una diagonal para las sombras) para luego caer hacia el punto anecdótico de la composición. La arboleda se erige como guardián y refugio del elemento que queda sin definir. Ana, contraviniendo a priori reglas básicas de luz y espacio, consigue alzar, más si cabe, la dirección de nuestra mirada manteniendo esa sensación de grandeza; sólo después, cuando llegamos a su cima es cuando nuestra vista descansa en su base descubriendo en ese momento una rica gama de fundidos. La arboleda queda convertida no solo en un ente vigoroso y noble sino que a través de nuestra actitud observadora y serena descubrimos su aspecto poético. Así es como copia Ana Pardo, con "intención", verdadero motor de expresividad artística y fuente de creación inédita. "Mi árbol mágico" y "Memoria en un solo trazo" de los que hablaré más adelante, no representan un punto de partida en la realización de obra original en cuanto a árboles se refiere. El tema arbóreo siempre fue muy sugerente en la concepción expresiva de Ana Pardo, lo que a estas alturas y tras ver sus comienzos no debe representar ninguna sorpresa, y aunque su obra es prolífica en este tema sólo podemos mostrar la única obra que conserva: "Árbol del olvido".
Sus apuntes del natural son tan escasos como excepcional la fotografía de ella recogida en esta página. Para Ana la realidad es un mero soporte de ideogramas que debe cambiar y reorganizar en base a un fin expresivo. Pero también tiene en cuenta que sin un reconocimiento de esa realidad obtendríamos ausencia de significado y por tanto la imposibilidad de comunicación compleja. La naturaleza presenta los elementos, el artista los ordena, y es precisamente este sentido el que determina la elección del método de estudio: "Las ideas que pueda recoger del natural llegan a ser valiosas pero siempre limitadas a mi escasa vivencia temporal, desdeñar este método por el estudio de los grandes maestros me permite obtener vivencias, aportaciones e ideas de un millón de vidas en una sola y esta riqueza es la que otorgará mayor soltura en mi trabajo y en mi imaginación." (Ana Pardo). En esta página se presentan dos propuestas: una de corte romántico y otra más cercana a las corrientes postmodernas. ¿Podemos decir en ambos casos que se ha ceñido a representar fielmente la realidad? ¿Qué realidad?. En "Mi árbol mágico" pregunto qué realidad debería percibir, Ana relata la "historia" de su acuarela:
Lo vi y lo había intuido antes de su relato, y debo confesar que por un momento casi se había
convertido en "mi árbol mágico". Pero volvamos la mirada a su otro
trabajo, "Memoria en un solo trazo". Aunque el título parece describir de forma
metafórica la base de su elaboración, no sería exagerado afirmar que lo cumple
prácticamente en su totalidad. Por supuesto, en cada uno de los ejemplos expuestos además de "su" peculiar síntesis del mundo, introduce otros elementos compositivos que hacen más complejo su tratamiento. Pero en todos ellos existe un denominador común extrapolable al cuadro que nos ocupa: aunque la forma es quien dicta el tema, sólo el color es quien le imprime vida. Estos cuadros representan una descripción sublime de la PINTURA como Arte noble; la pintura en estos cuadros es quien otorga interés, expresividad, carácter; es el color quien gobierna nuestra percepción narrativa. ¿Creen que "Memoria en un solo trazo", al tratarse de una obra más renovadora en cuanto a su estilo, no goza de todo su esmero técnico?. He aquí la pequeña reseña que entregó Ana Pardo:
En esta acuarela se sintetizan las distintas
memorias que generó, durante intervalos temporales distintos, un paisaje
extremadamente querido por mi, el de la presa de Vega de Tera y sus árboles,
éstos no son majestuosos sino humildes pero el artista no ve árboles, ve
paisajes, sabe extraer de algo aparentemente común la magia que tiene todo lo
que está vivo por muy desapercibido que pase a ojos que no están atentos. Este
árbol es compendio y representación de toda la ribera, desde los chopos más
altos hasta los arbustos más chicos, es el vivo reflejo de la vida que me vio
crecer.
Yo, ante la contemplación del cuadro, evidentemente no veo "su
ribera", pero si percibo su movimiento, su frescura, me doy cuenta de que se
trata de un lugar donde podría sentarme al refugio de su espesura para leer un
libro, imagino el movimiento de pájaros entre las hojas o de un ratoncillo a
lado del tronco y les presiento sin estar presentes, percibo un lugar alegre
donde podría montar una fiesta y llenar su espacio de risas al son de gaitas y
violines. Realmente no veo "su ribera" tal y como ella la dibujó pero
advierto toda su vida, logrando robarme una sonrisa. |
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