ARTE

27 - FEBRERO - 2003

       Hay algo que siempre nos ha atraído del Arte y es el hecho de que es un misterio. Se podrá hablar y reflexionar mucho, exponer pensamientos y conclusiones que traten del "Arte", pero en la mente de todos está la certeza de que por mucho que analicemos un misterio, si es auténtico, permanecerá siempre misterioso. Cierro los ojos y trato de trasladarme a los albores de nuestro origen como humanos y me pregunto ¿Qué nos dio ese toque que nos diferencia de la animalidad?. Muchos encontraron una respuesta en la sonrisa, hasta que vieron reír a un chimpancé, otros la encontraron en la creación de artilugios, hasta que un pariente de ese chimpancé inventó uno para alcanzar un plátano; podríamos, incluso, plantear argumentos más cercanos con la realidad científica, como p.e. la genética, que haya a estos dos seres iguales salvo en la proteína de un aminoácido en el gen del habla (con el desarrollo del habla se consigue desarrollo intelectual). Este estudio, a su vez, menoscaba aquella otra teoría que se traduce en dotar al hombre de inteligencia superior por el hecho de ser pentadáctilo (la flexibilidad del dedo pulgar frente a la del chimpancé, que sólo tiene funciones prensiles, es lo que desarrolla su inteligencia a planos más elevados). Poco a poco nos encontraríamos con muchas y formidables respuestas, pero sólo explicarían una potencia intelectiva, y no la cualidad de nuestra "humanidad". Personalmente, estoy convencida de que el momento en que nos hacemos humanos es aquél en que sentimos la necesidad de que ese simple artilugio sea bello, tenga una forma y no otra, y que esta forma no tenga nada que ver con su utilidad práctica sino con el placer de su contemplación y lo que esta contemplación provoca en nosotros. En este proceso aparece algo que toca el alma, nos hace tener conciencia de nuestra conciencia y nos da esa capacidad de observarnos a nosotros mismos y buscar en lo que nos rodea un espíritu afín a nosotros mismos. Es ahora cuando comenzamos a dotar a los objetos de "gracia", las cosas ya no están como están ni son como son, sino que "significan", y si no, ya las hacemos nosotros "significantes". De este modo llego a la conclusión de que sea lo que sea el Arte, éste tiene un significado para nuestro espíritu, nuestra alma o nuestra "humanidad" y ese significado, además, es muy importante.
        ¿Podría ser que esa gran importancia nos llevase hace miles de años a establecer una conexión entre lo Bello y lo Divino? ¿Era tan grande el Arte que sólo se podría explicar como mandato o tributo a Dios? ¿Tenía razón el pensador que dijo encontrar el mundo en estado de gracia cuando veía Arte?. ¿Divinidad? ¿Arte?. Dos conceptos "humanos". Yo me atrevería, como artista, a dar mayor relevancia al Arte. Una vez el pensamiento humano se atrevió a decir que Dios había muerto, no es el caso del "Arte" a pesar de la cantidad de veces que se ha intentando matarlo a juzgar por las manifestaciones artísticas que surgen de vez en cuando.

 

 

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